¿Nos graduamos con la idea errónea de vendernos a cualquier costo, incluso llegando a ser capaces de regalar nuestro trabajo para «atraer pacientes» bajo el trillado eslogan de fácil, rápido y a bajo costo? O ¿para obtener un crecimiento económico basado en el profesionalismo y la ética, prestando nuestros servicios a quienes necesitan de ellos?

 

Comienzo con esta pregunta sencilla con el único propósito que cada homólogo reflexione sobre ella. Mi carrera universitaria me costó seis años de mucho sacrificio físico y económico, de las largas noches de desvelo estudiando, investigando, más el estrés que representa la búsqueda de pacientes cada semestre con la amenaza de que si no cumplía con los requisitos (cantidad de pacientes) no podría aprobar las clases; el sacrificio de trasladarme por un año a realizar mi servicio social a otro departamento del país, donde los costos de vivir alejado del confort familiar aumentaron considerablemente, los extenuantes trámites para la graduación; en fin, un sinnúmero de razones que tengo para decir que mi carrera realmente fue eso, una carrera contra todas las adversidades mencionadas. Esto es solo lo que a nivel personal viví. Tuve compañeros que tuvieron que sacrificar más, pero en contexto todos los que estudiamos Odontología en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras pasamos por cosas similares.

Hago memoria de esto ya que tal vez algunos colegas olvidaron que nuestro título dice: Doctores en Cirugía Dental, y no doctores en descuentos odontológicos.

Hace un tiempo leí un artículo del Dr. Enrique Jadad Bechara, especialista en rehabilitación oral que ejerce en Barranquilla (Colombia), titulado “La Edad Oscura de la Odontología”.

El título de dicho artículo me impactó y me hizo reflexionar sobre lo que he venido pensando desde que empecé a ejercer mi carrera profesional, la cual me ha enseñado muchísimo en estos cinco años que tengo de estar profesando lo aprendido, tanto dentro como fuera del país. Hablar de la edad oscura de la odontología me hace pensar e imaginar lo que fue el oscurantismo en la historia humana, allá por la Edad Media, que hace referencia a una etapa triste que de alguna manera nos hace sentirnos privilegiados de vivir en la actualidad.

En otro artículo del Dr. Jadad hay un término que me llama aún más la atención: “Prostitución de la odontología”: justamente eso es lo que está pasando con nuestra amada profesión. Muchos de nuestros colegas o personas mercantilistas de otras profesiones quieren vender la odontología como si fuera un producto de supermercado, que según el mes del año se da una u otra oferta, o arman combos como si se tratara de un restaurante de comida rápida.

Veamos la etimología de la palabra prostitución: el término “prostitución” proviene del latín “prostitutio”, que tiene el mismo significado que el actual y que a su vez proviene de otro término latino “prostituere”, que significa, literalmente, “exhibir para la venta”.

Esta es la razón por la cual este artículo lleva como título “Prostitución de mi profesión”, porque lamentablemente hemos desnudado a la odontología para exhibirla de manera denigrante y así venderla de manera supuestamente “más atractiva”.

Muchos se defienden diciendo que la odontología ha cambiado, así como los tiempos. Permítanme recordarles que las bases siguen siendo las mismas; términos como “arquitectos de la sonrisa”, “artesanos de los dientes”, “escultores de los dientes” y muchos otros adjetivos, son solo ejemplos de falta de identidad profesional, olvidando que la simple palabra odontólogo, dentista, estomatólogo, encierra de una manera más amplia y elegante a nuestra amada profesión.

Los “títulos” antes mencionados suenan bastante sofisticados, pero con este lenguaje no estamos enseñando a nuestros pacientes que, cuando se hace referencia a un odontólogo, estamos hablando de un profesional que tiene el privilegio de crear arte en la boca, no solo en los dientes sino en las estructuras que los rodean. Por mencionar algunos ejemplos, tenemos:

  • Cirugía oral o maxilofacial, tiene el arte de usar bisturí y otros instrumentos que ayudan a resolver problemas o emergencias dentales-craneofaciales que pocos se atreven hacer.
  • Prostodoncia, tiene el arte de devolverle una sonrisa y funcionalidad masticatoria al paciente mediante aparatos protésicos.
  • Periodoncia que con sus técnicas mejoran las estructuras que han sido comprometidas a causa de enfermedad periodontal, mediante el uso de conocimientos quirúrgicos y no quirúrgicos.
  • Endodoncia, ciencia hecha por artistas que estudian el pronóstico y tratamiento de los conductos radiculares, alargando el tiempo de vida de los órganos dentarios.
  • Odontopediatría es la parte de la odontología encargada de trabajar con niños creando en ellos una agradable experiencia, así como de tratar a niños especiales.
  • Ortodoncia que, con el uso de brackets, módulos, y aparatología sofisticada, trata los problemas de apiñamiento dental y mejora no solo la sonrisa del paciente sino que le devuelve una funcionalidad oclusal adecuada previniendo o mejorando malestares en la articulación temporomandibular.

Y muchas otras subespecialidades que terminan de encerrar la palabra que nos define a todos como odontólogos. Fuimos enseñados en todas estas áreas, depende de nosotros como doctores en cirugía dental mantenernos al tanto de actualizaciones mediante la lectura y estudio constante sobre temas que manejamos, recordando que lo que hoy es actual mañana es desfasado.

Algunos colegas siguen con prácticas desactualizadas simplemente por rehusarse a tomar un libro o su laptop y buscar información actualizada en los tratamientos dentales simplemente porque fundamentan “tener experiencia”, la cual como dice el Dr. Leonardo Medina, “La experiencia sin actualización se queda solo en experiencia”. Esta expresión me hace pensar en lo importante de tener una lectura constante sobre nuestra profesión, hablar entre amigos, colegas e intercambiar opiniones con el fin de aprender cada día un poco más de las experiencias y vivencias profesionales.

Me impacta mucho saber que algunos odontólogos se prestan a ver en cada paciente el signo de dólar encima de su cabeza, sin antes ver al ser humano que acudió a ese consultorio con el grito silencioso de auxilio, olvidando que como médicos de los dientes y sus estructuras adyacentes debemos velar por el bienestar del paciente aún por encima de la paga. Me gusta mucho una versión actualizada del juramento hipocrático, que dice así:

Juramento Hipocrático de Louis Lasagna

Versión redactada en 1964 por el Dr. Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts de Massachusetts. El texto, en su traducción al castellano, dice así:

“Prometo cumplir, en la medida de mis capacidades y de mi juicio, este pacto.

Respetaré los logros científicos que con tanto esfuerzo han conseguido los médicos sobre cuyos pasos camino, y compartiré gustoso ese conocimiento con aquellos que vengan detrás.

Aplicaré todas las medidas necesarias para el beneficio del enfermo, buscando el equilibrio entre las trampas del sobretratamiento y del nihilismo terapéutico.

Recordaré que la medicina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico.

No me avergonzaré de decir “no lo sé”, ni dudaré en consultar a mis colegas de profesión cuando sean necesarias las habilidades de otro para la recuperación del paciente.

Respetaré la privacidad de mis pacientes, pues no me confían sus problemas para que yo los desvele. Debo tener especial cuidado en los asuntos sobre la vida y la muerte. Si tengo la oportunidad de salvar una vida, me sentiré agradecido. Pero es también posible que esté en mi mano asistir a una vida que termina; debo enfrentarme a esta enorme responsabilidad con gran humildad y conciencia de mi propia fragilidad. Por encima de todo, no debo jugar a ser Dios.

Recordaré que no trato una gráfica de fiebre o un crecimiento canceroso, sino a un ser humano enfermo cuya enfermedad puede afectar a su familia y a su estabilidad económica. Si voy a cuidar de manera adecuada a los enfermos, mi responsabilidad incluye estos problemas relacionados.

Intentaré prevenir la enfermedad siempre que pueda, pues la prevención es preferible a la curación.

Recordaré que soy un miembro de la sociedad con obligaciones especiales hacia mis congéneres, los sanos de cuerpo y mente así como los enfermos.

Si no violo este juramento, pueda yo disfrutar de la vida y del arte, ser respetado mientras viva y recordado con afecto después. Actúe yo siempre para conservar las mejores tradiciones de mi profesión, y ojalá pueda experimentar la dicha de curar a aquellos que busquen mi ayuda”.

Creo que esta versión del juramento hipocrático se acerca mucho a nuestros tiempos y es aplicable a nuestra profesión; también veo necesario que las facultades la enseñen, de modo que las nuevas generaciones entiendan la importancia de ser odontólogo.

Debemos devolverle a la Odontología su verdadera razón de ser y procurar día a día elevarla de posición, haciendo conciencia en nuestros pacientes y creando una cultura odontológica, impulsando la prevención antes que la curación, enseñando a las nuevas generaciones que ser odontólogo no es sinónimo de riqueza sino de pasión y servicio, que tienen como recompensa el crecimiento económico, pero más que eso, el crecimiento como profesionales de la salud.

 

Miguel Alberto Gálvez Núñez

Fuente: https://la.dental-tribune.com/news/la-prostitucion-de-mi-profesion/